Mamá K, el Grinch de la Navidad 4


The-Grinch

 

Era la primera Navidad de Brutote, el frío no terminaba de llegar y las fiestas pillaron un poco por sorpresa a todos. Mamá K siempre había vivido con ilusión la Navidad, desde pequeña preparaba las bandejas de polvorones y turrones semanas antes, adornaba el árbol y hasta envolvía pequeñas cajas vacías  para que pareciesen regalos debajo del árbol.

Ponía su vida en modo navidad, cambiaba el tema y el fondo de pantalla de sus aparatos electrónicos, el tono de llamada se convertía en un villancico y acudía siempre a ver Cortylandia y comerse un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor de Madrid, viendo los puestos de belenes y artículos de broma.

Pero en el 2015 algo cambió,  eran sus primeras navidades como mamá y aunque pueda parecer extraño, entre tantos pañales, biberones, medicinas y paseos, su ilusión quedó algo dormida, desde el principio trató de vivirlas con practicidad:  “total, Brutote solo tiene 10 meses, no se va a enterar de nada”, “tenemos muchos gastos y él muchos juguetes…”, “el año que viene ya será distinto…”.

Poco a poco pasaron los días y llegó la Nochebuena, vistieron a Brutote con un pijama  “total, si se va a dormir rápido y mejor que esté cómodo” y se fueron a cenar con la familia en casa de los abuelos.

La sobrina de Mamá K le preguntó nada más verla “¿Qué le has pedido a Papá Noel para Brutote?” y ella aprovechando el jaleo, la despistó y no contestó a la pregunta. No le había pedido nada pensando que no se enteraría y ahora se sentía realmente triste por ello, ¿en qué momento se había convertido en el Grinch de la Navidad?

Cenaron juntos mientras los pequeños urdían un plan para pillar a Papá Noel in fraganti: –le hemos preparado algo de comer y beber y tendremos los ojos cerrados, para que se crea que dormimos, pero abriremos los ojos y podremos ver cómo nos deja los regalos-, -¡Eso lo hemos intentado todos con vuestra edad!, pero él es muy listo y lo sabe, si no dormimos todos, no aparecerá– dijeron todos los adultos casi a la vez, temiendo una noche muy larga por delante.

Al pasar la media noche, cada uno volvió a su casa. Mamá K acostó a Brutote en su cuna, que dormía en su carro desde hace horas y se fue a acostar, una vuelta, dos, tres… y otra vez a empezar de nuevo, no pudo dormir pensando en sus sobrinos, en la ilusión de todos los niños y en el árbol vacío que encontraría al día siguiente.

Por la mañana bien temprano, sin haber dormido ni un poco, acudió al salón para ver si se había obrado el milagro, pero debajo del árbol no había nada. Claro, Mamá K no había dormido y Papá Noel lo sabía… si no dormimos todos, no aparecerá.

Así que ya sabes, mi amor, esta es la historia de tu primera Navidad, tu madre no pudo dormir y Papá Noel, que es muy tímido, no apareció. No te preocupes, mi vida, esto no volverá a pasar, las próximas navidades dormiremos todos, ya me encargaré yo, y cuando despertemos descubriremos que han pasado por nuestro salón, veremos copas medio llenas y mordiscos en las galletas y los turrones, incluso alguna zanahoria habrá desaparecido, también habrá algún regalo, no te preocupes, pero eso no será lo más importante, lo más importante siempre serás tú y la ilusión con la que lo vives.

¡Te quiero Brutote!


 

Mi niño no tuvo regalo de Papá Noel , pero le regalo este cuento para cuando sea mayor. Tranquilo mi vida, que los RRMM si vendrán y te dejarán lleno el salón de globos de colores y papeles por romper. Te quiere, mamá.

¿Qué tal estás pasando estos días? ¿También os ha poseído el Grinch? 

¡¡Felices fiestas a todos!!

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