El tacatá no es bueno para los niños 4


El tacatá ha formado parte de las experiencias de cientos de bebés a lo largo de nuestra historia reciente (y menos reciente), pero siento comunicarte que no son buenos y no deberíamos utilizarlos.

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Desde que Brutote se pone de pie y da sus primeros pasos agarrado a todo lo que pilla (y sin agarrar, que ya se está soltando en los últimos días) no he parado de escuchar la famosa frase: “este niño lo que necesita YA es un tacatá” y yo siempre contesto lo mismo: “no, que son malos” ante la mirada escéptica de mi interlocutor.

¿Por qué los queremos los adultos?

Estos aparatos permiten a nuestros bebés desplazarse sin esfuerzo y sin caerse, nos dan tranquilidad a los adultos y cierta tregua a nuestra espalda, pero si te paras un segundo a pensar (o unos minutos a investigar), te darás cuenta de que el tacatá es un instrumento creado única y exclusivamente para la comodidad de los padres ( y el beneficio del fabricante) y no para el beneficio del bebé.

También los queremos porque son un juguete muy divertido, nunca he puesto a Brutote en uno de ellos, pero no tengo la menor duda de que si lo hiciese, después de unos minutos (¿segundos?) de extrañeza, le encantaría.

Les da mayor independencia, pero es que un niño tan pequeño, no debería tener más independencia de la que está preparado para tener, ¿o será que a quién da más libertad es a los padres…?

¿Por qué son malos?

– Lo primero, por la postura prolongada en la que tienen que estar, que pueden afectar negativamente a su desarrollo:

  • Largo tiempo de pie; tener las piernas más separadas de lo que se considera normal para andar puede producir daños en las caderas, luxaciones e incluso pueden tener problemas de cadera en la madurez.
  • Sentado durante largos periodos con las piernas colgando, y es que como no están preparados para estar largos tiempos de pie, terminan por sentarse y esta postura lo que hace es separar sus caderas.
  • Intentando alcanzar el suelo con las puntillas: a veces sentamos a los niños en el tacatá cuando ni siquiera llegan al suelo, creando malas posturas y vicios posturales.

-No están pensados para enseñar a andar, de hecho ocurre justo lo contrario, los niños aprenden a avanzar con las dos piernas a la vez y a no ser que queramos que aprendan a desplazarse exclusivamente a base de saltos, no nos será muy útil. Los niños que utilizan este aparato suelen aprender a andar más tarde que los que no lo utilizan.

-Obliga al niño a estar en una posición para la que no está preparado. Brutote ahora mismo (con 10 meses) es capaz de levantarse, incluso sin apoyo, pero nunca está más de unos segundos en esta posición, sería una auténtica barbaridad tenerle de pie durante ¿media hora?,¿una hora?, ¿varias? y seamos sinceros, cuando alguien coloca a un niño en un tacatá, suele hacerlo por largos periodos de tiempo.

-Se desarrolla de forma inadecuada la musculatura de las piernas, desarrollan más los tobillos y los gemelos que los muslos y caderas.

-El niño no empieza a “andar” movido por su curiosidad, que es lo que debería ser, sino que lo hace simplemente porque puede, existe un desequilibrio entre su desarrollo psicológico y el motor, lo que provoca mayores situaciones de peligro.

-Evita esas primeras caídas, que a pesar de que a los padres nos asustan mucho, son una gran fuente de aprendizaje, porque con las caídas también se aprende (equilibrio y prudencia).

-Aunque no todos los niños gatean antes de andar, si les ponemos en un tacatá no gatearán y además retrasaremos sus primeros pasos.

¿Qué consecuencias puede tener?

Pues además de las descritas anteriormente sobre su desarrollo, que ya me parecen suficiente razón para decir “no al tacatá”, también encontramos estas otras:

-Los adultos nos relajamos y es verdad que a veces lo necesitamos muy mucho, pero si siempre tenemos que estar con 1000 ojos es por algo.

-Mayor peligro por caídas en las escaleras, desconocía este dato, pero al parecer es más común la visita a urgencias por un niño que iba en tacatá y se ha caído, que uno que gateaba o estaba andando y se ha caído.

-Más visitas al hospital por caídas, vuelcos, golpes…

-Acceso a cosas a las que no llegaría si no estuviese en el tacatá, por ejemplo tirar de un mantel y echarse la comida caliente encima.

Y si no crees lo que te estoy contando (“mira esta loca que ahora dice que los tacatás son malos, con lo bien que vienen y se han utilizado toda la vida”) te dejo parte de lo que dice la Asociación Española de Pediatría sobre el uso de estos aparatos, que yo entiendo que tienen mayor credibilidad que yo:

Son muchos los trabajos de la literatura pediátrica sobre accidentes infantiles realizados en las puertas de urgencias hospitalarias de nuestro país(1-5). Entre las causas frecuentes de accidentes en el segundo semestre de la vida se encuentran las relacionadas con el uso del andador o tacatá(6-12). Es por esto y porque no está demostrado que cumplan una supuesta función de aprendizaje de la marcha(13,14), por lo que los pediatras, bien desaconsejan su adquisición y uso, bien indican la conveniencia de prevenir a los padres acerca de los riesgos que implica su utilización(6,7,10,12,14,16-19). Pero, a pesar de este interés, es común la utilización de este aparato tan arraigado en la tradición popular(7,14-16,20,21). Desde la antigüedad se han empleado diversos sistemas para ayudar al pequeño lactante en sus primeros pasos: andadores (cintas de sujeción), andaderas (varas de madera), polleras (cestos invertidos) y el moderno tacatá que permite al niño una gran autonomía y movilidad, de la que deriva precisamente su potencial peligrosidad, agravada por el hecho de la sensación de seguridad y, por tanto, menor supervisión por parte de los padres(21). Preocupados por la asistencia en el servicio de urgencias e ingreso posterior de dos lactantes con traumatismos craneoencefá- licos(22) a causa de caída usando un tacatá, nos propusimos conocer los patrones de uso del andador en nuestro medio, las creencias populares sobre sus ventajas e inconvenientes y la accidentabilidad derivada de su utilización

Si quieres leer todo el artículo, puedes hacerlo aquí.

 

¿Sabias que no es aconsejable su uso? ¿Lo utilizas o lo has utilizado?

¡Hasta la próxima!

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4 Comentarios en “El tacatá no es bueno para los niños

  • Alejandra

    En mi país México al tacatá le llamamos andadera, como lo describes supongo que te refieres a eso, estoy en total de acuerdo contigo y además apoyo tu escrito, yo libré varios encuentros con familiares que me insistían en comprarle una a mi hija, querían regalarle varias pero yo no lo acepté, les explicaba y les enseñaba escritos con sustento científico que apoyaban la idea de que la andadera no es recomendable para los niños. Mi hija de un año ya camina, no puedo decir que he descansado, al contrario es mas trabajo que antes pues tengo que vigilarla de a donde va y aunque ha sufrido varias caídas no pasa del grito, el susto y ella solita se vuelve a levantar.

    Saludos.

    • MamaK Autor

      Gracias Alejandra! Entonces te ha pasado como a mí. Mi peque está empezando a caminar y ando con mil ojos, pero sé que sus primeras caídas no tardarán en llegar .
      Un saludo!

  • Una mamá muy feliz

    Si que sabía que no era aconsejable. Mi madre me trajo uno cuando UNMF tuvo la edad y solo lo usaba cuando me duchaba, para tenerlo más o menos controlado. Despues cuando se hizo más mayor y ya sabía andar perfectamente en alguna ocasión lo usó para jugar jejejeje

    • MamaK Autor

      Mi peque con lo Brutote que es, si le meto en un baño subido en uno, me atraviesa las paredes! Jajaja. Yo me ducho cuando llega mi chico y si tengo que dejarle en algún sitio mientras hago algo (ir al baño ) lo dejo en el parque, aunque con cuidado de no dejarle nada muy grande dentro porque ahora se sube a las cosas para intentar trepar
      Un beso guapa!