El parto de Tigrilla (tercera parte) y un buen susto. 3


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Después del sorpresón que fue llegar tan avanzada al hospital, fue todo muy rápido. Entramos en la habitación, me dieron ese terrible camisón que te deja el culo al aire y me pidieron que me cambiara.

Me dijeron que habían avisado al anestesista para ponerme la epidural pero que era muy probable que no me hiciese efecto. Yo sabía que todo iba muy rápido porque ellos iban algo atropellados y no estaban siguiendo los pasos que se suelen hacer. El anestesista llegó enseguida (y me contó lo mismo, que íbamos justos de tiempo…ya me estaban empezando a caer regular todos) no me hicieron firmar el consentimiento (eso ya me mosqueó) y cuando me pusieron en posición y no echaban a mi chico ya me di cuenta de que no había tiempo para nada.

El médico intentaba hablar conmigo pero el dolor me tenía bloqueada, me preguntó que a qué me dedicaba, pero yo no era capaz de seguir una conversación normal como para emocionarme hablándole del mundo blogger. Así que mis respuesta fueron secas y cortas (y a veces ni contesté). Luego me sentí fatal porque a mí me gusta ser agradable con todo el mundo, pero estaba fuera de mí. Después, cuando le pedí disculpas, me dijo que no me preocupase, que él siempre decía de broma “que recibía locas y despedía mujeres normales”

Me avisó de que era posible que sintiese un calambre y que era importante que no me moviera y qué pasó… pues que un calambrazo llegó a mi pierna y me moví (sorryyy). El pobre chico me dijo que le había quitado años de vida del susto que le había dado, pero afortunadamente todo salió bien.

No sé cuánta gente me dijo que el efecto de la epidural no llegaría a tiempo, pero yo les contestaba que sí, que si era necesario cerraría bien las piernas (luego cuando me entraron ganas de empujar ya no pensé lo mismo).

Con mi epidural puesta (sin hacer efecto) y con el coche mal aparcado (recuerda que no habíamos encontrado sitio) nos dejaron solos a mi chico y a mí en la habitación, sufriendo pasando las contracciones. Y en una de estas la bolsa se rompió y eso parecía un grifo abierto a toda potencia, no sé la cantidad de empapadores que me cambiaron, pero ese exceso de líquido que había producido en los últimos días tenía que salir. Y me entraron muchísimas ganas de empujar…

Hoy he estado desaparecida, ha sido un día raro. He tenido monitores esta mañana y aunque llevo desde las 5 de la mañana despierta con contracciones esto no se pone en marcha. Tengo contracciones cada 5-8 minutos, luego se me pasa un poco, luego vuelvo a tener contracciones durante una hora… Pero esto no avanza Me han hecho una eco y me han dicho que he aumentado la cantidad de líquido así que a estas alturas puede que me diagnostiquen diabetes gestacional (mañana tengo analítica para confirmarlo) la peque tiene tanto líquido que aunque tengo dinámica de contracciones ella no apoya la cabeza y por lo tanto la contracciones no están siendo efectivas. El viernes vuelvo a tener monitores y consulta, a ver qué tal. * * Hoy he conocido algunas noticias tremendas que les están ocurriendo a algunas blogueras a las que sigo, estoy sin palabras, no me atrevo ni a quejarme un poco por todo esto, por eso no he sido capaz de compartir esta foto hasta este momento. Mucho ánimo a todos los que lo estáis pasando mal 😥 * * #Tigrilla #TeEsperamosTigrilla #40+2 #maternity #pregnantlife  #40weeks #40semanas  #reallife #maternityshoot #mumswithcameras #embarazo #embarazada  #40weekspregnant  #mividanoespinterest #familymoments  #mumoftwo  #thirdtrimester #happymom  #miradademadre #EmbarazoSemanaASemana #Bebé #Blogger #BloggerMaternidad #BrutoteYTigrilla #SeAcercaElParto #Parto #IGTwitter #barriga

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Avisé de que sentía ganas de empujar, pero al parecer todavía no había llegado el momento. Estaba con las correas puestas y me pareció que la historia se repetía (con Brutote empezaron así y terminamos minutos después con unos forceps porque había que sacarlo sí o sí), me cambiaron de lado un par de veces porque la niña no parecía estar muy a gusto y minutos después entraron para decirme que tenían que colocar un monitor interno ¡iban a pinchar la cabecita de mi peque!

Como en el parto anterior decidí confiar en los profesionales. La epidural ya etsaba haciendo efecto, sentía las contracciones, las ganas de empujar, lo sentía todo pero no era insoportable. Lo que había sido una cama normal hasta ese momento se convirtió en una cama con estribos a los lados, sacaron dos piezas en cada uno de los lados de la cama para poder agarrarme con las manos y que me ayudasen a empujar. Y casi sin darme cuenta eso pasó, me estaban pidiendo que empujase y eso hice. La niña bajaba estupendamente, pero cuando la contracción se terminaba volvía a subir ¿qué estaba pasando? ¿alguna vuelta de cordón?.

Me animaban y me decían que empujaba fenomenal, pero algo no estaba yendo bien. La forma de mi pelvis impedía que la niña terminase de rotar y se colocase correctamente. Seguí empujando como me pedían, mi chico me dijo que ya estaba ahí, que ya veía su cabecita y me emocioné, me dijeron que tenía muy poco pelo (el peque nació con una buena mata de pelo moreno). Yo seguía empujando y en ese momento me dijeron que me tenían que ayudar con unas palas o espátulas (lo llamaron de las dos formas), me pusieron esas sábanas de quirófano y pensé en la episiotomía (pero ya me daba todo igual excepto mi niña, quería que saliese ya y que estuviese bien)

Me colocaron las palas y en la siguiente contracción empujé con toda mi alma y la vi, ahí estaba la cabecita de mi niña, pero algo pasaba. Yo la veía muy oscura, como si estuviese negra… La sala ya estaba llena desde el principio: varias ginecólogas, varias matronas, dos pediatras…  Y pasó. La ginecológa residente a la que estaban guiando para ayudarme fue retirada rápidamente y una de ellas se puso a gritar pidiendo que avisaran enseguida a Menganito “¡Qué venga Menganito YA” repitió varias veces. Ahí me asusté muchísimo, porque si uno de los médicos grita, te asustas. Lo repitió varias veces pero el tal Menganito no aparecía, entonces la tercera ginecóloga de mayor edad (no sé si de mayor experiencia, supongo que sí) tomó las riendas,se puso delante y metió literalmente la mano dentro de mí para sacar a la peque y lo hizo.

Me la pusieron calentita encima y lloré, lloré mucho… porque la había esperado TANTO, porque me había asustado tantísimo y porque ya no lloraba sola, ella lloraba conmigo y mi chico lloraba con nosotras también.

El susto fue importante pero ya había pasado, nos dijeron que era probable que le hubiesen roto la clavícula al sacarla de esa manera, pero que de eso ya se preocuparían al día siguiente…

Y hasta aquí el parto de mi pequeña Tigrilla, aunque me faltan muchos detalles de los que puede que te hable más adelante.

¡Hasta la próxima!

 


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